Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad.


Entre la última cucharada de arroz con leche -poca canela, una lástima- y los besos antes de subir a acostarse, llamó la campanilla en la pieza del teléfono e Isabel se quedó remoloneando hasta que Inés vino de atender y dijo algo al oído de su madre.

Bestiario

Julio Cortázar
26 de agosto de 2014, centenario de su nacimiento.

domingo, 15 de abril de 2012

Caza submarina


Cuando era chico miraba en la tele las peripecias de Mike Nelson en la serie “Caza submarina” acostado de panza sobre un banquito de madera, lo que le permitía “nadar y bucear” como los protagonistas, imitando los movimientos de sus brazos y pataleando en el aire, sosteniendo en una mano un palo que servía de improvisado arpón.
Un día tocaba luchar con espías o ladrones de tesoros, otro día escapar de tiburones u otros peligros submarinos, pero siempre disfrutando del agua.

Respirar hondo, inflar los cachetes, sumergirse, abrir los ojos y desplazarse por debajo de la superficie imitando a Lloyd Bridges, hasta que la necesidad de oxígeno sea insoportable.

Del banquito de madera al agua de verdad, siempre y en cualquier lugar, un ritual repetido cada vez que tenía oportunidad. A luchar en el agua con los malos.

Uno de sus tíos, pluriempleado, trabajaba de sereno los fines de semana en el edificio de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA), en la calle Reconquista casi esquina Corrientes. Como los domingos estaba cerrado a sus socios, tenían todo a su disposición, gimnasios, canchas de fútbol y básquet, pelotas de todo tipo y tamaño, dos piscinas olímpicas y tableros de ajedrez para cuando las fuerzas decían basta.
Casi todo el día en el agua, hasta que la piel quedaba arrugada como una ciruela disecada, de esas que se usan para hacer compota. El trampolín era la cubierta del barco, al que subían una y otra vez para volver a lanzarse a un mar imaginario.

Y al final del día pan con manteca y Kero, leche con Nesquik y jaque mate.

También eran frecuentes las escapadas de primavera/verano a Del Viso con sus tíos, allí habían formado una “banda” que no dudaba en colarse en las casaquintas vacías y hacer uso de las piletas a placer, muchas veces apartando el manto de hojas de la superficie y evitando tanto el verdín del fondo como los sapos que protestaban por su presencia.
Pero lo más divertido era ir por la 26, para el lado de la ruta 9, hasta encontrar un camino que salía a la izquierda y desembocaba en el lugar que todos conocían como Los Patovicas. La aguas limpias del arroyo Pinazo discurrían entre barrancas y arboledas. Había abundante pesca y no mucha gente. La profundidad del agua permitía que se lanzaran de cabeza desde la barranca.  Salían, volvían a trepar y otra vez al agua.

De tanto en tanto su mente vuelve a Los Patovicas, a encontrarse con Alex, Chito, Dani y los demás, sentados a caballito sobre el tronco de un árbol caído que intentaban usar como canoa, remando con palos hasta que perdían el equilibrio y caían todos al agua. “El bote había sido atacado y había que luchar en el agua contra perversos enemigos”.

Alguien le contó no hace mucho que había otro arroyo bordeado de sauces, muy cerca de allí, pasando Pilar y antes de llegar a Capilla del Señor, el Larena, visible desde la ruta 8. Parece ser que era un lugar parecido a Los Patovicas donde también se juntaban primos y amigos a disfrutar de ese paraíso. No le resulta difícil imaginarlo.

Desde hace poco, de tanto en tanto su mente viaja también al Larena, y se ve jugando en sus aguas a “caza submarina” con primos imaginarios, mientras a la sombra de un árbol, con el mate en una mano y un colorado con filtro encendido en la otra, alguien vigila por las dudas.
No vaya a ser cosa que ganen los malos.

Para Ricky, me hubiera gustado…

Víctor M. Litke
Madrid, abril de 2012

2 comentarios:

  1. Vìctor... lleno de nostalgias este relato. Remite a una infancia feliz, de cosas simples, de diversiones como eran las de antes y lugares que reconozco mientras te leo... si hasta fui a nadar a las piletas del YMCA y tuve mi Nesquik acompañado de pan con manteca y Kero todas las tardes. Eso si... yo miraba Lassie y RinTinTin jaja
    Un gusto visitarte, abrazo grande
    Graciela

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  2. Hola Graciela, gracias por tu comentario. En "los hermanos Garmendia" reconocerás más lugares que compartimos en esa época y tal vez hasta algún personaje.
    Un abrazo

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