Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad.


Entre la última cucharada de arroz con leche -poca canela, una lástima- y los besos antes de subir a acostarse, llamó la campanilla en la pieza del teléfono e Isabel se quedó remoloneando hasta que Inés vino de atender y dijo algo al oído de su madre.

Bestiario

Julio Cortázar
26 de agosto de 2014, centenario de su nacimiento.

viernes, 2 de marzo de 2012

New York II


Recién unos diez minutos después de que el Boing 767 alcanzara su altura de crucero comencé a relajarme. Sin desabrocharme el cinturón de seguridad (nunca lo hago), reacomodé mi cuerpo en el asiento y abandoné la lectura de la novela de James Patterson que había comprado en el aeropuerto mientras esperaba para embarcar. Debía “racionar” la lectura del libro, ya que de lo contrario no me alcanzaría para mantener mi mente ocupada durante un vuelo de casi 8 horas. Mi promedio de lectura es de 75 a 100 páginas por hora (incluyendo pequeñas pausas y relectura de algunos párrafos), por lo que una novela policial bien escrita, de unas 500 páginas, puede llevarme unas seis horas de lectura continuada.
En esa pequeña pausa reparé en la pasajera que ocupaba el asiento del pasillo junto al mío, en la fila 22 (sobre el ala y del lado izquierdo, como de costumbre).
Instintivamente ella me miró y nos sonreímos mutuamente a modo de saludo, la azafata llegó a nuestra posición ofreciéndonos la cena y bajamos las mesitas para acomodar las bandejas.
Ella fue la primera en hablar, se refirió a la disminución en la calidad del catering en los vuelos, los precios de los billetes, la crisis, etc.
En realidad yo le prestaba más atención a la comida que a lo que ella me estaba diciendo, pero para no parecer descortés, intervenía con algún comentario o reafirmación de sus palabras, nada que generara polémica y alargara la charla más de lo necesario. Era bastante bonita y simpática, pero yo ya estaba enganchado a mi novela y quería continuar con su lectura. Seguramente ella se dormiría después de la cena, algo que para mi siempre resultó imposible, dormir a 10.000 metros de altura.
Mis previsiones fueron desacertadas, ella no se durmió y la charla se extendió durante todo el vuelo, por lo que abandone mis planes originales y me entregué totalmente a mi ocasional compañía.
Me contó que iba a Nueva York por primera vez y a visitar a una amiga de la infancia que vivía en Manhattan y con la que mantenía contacto casi a diario y a la que no veía desde hacia 3 años.
Era modelo en Lima y aprovecharía su estancia en Nueva York para intentar asistir a algún casting o contactar con alguna agencia.
Yo le conté que me gustaban (era adicto)  las novelas, series de televisión y películas policiales. Que era médico y venía de asistir a un congreso internacional de Cirugía Cardiovascular, el Octavo Congreso Mundial de Cirugía Cardiovascular Extracorpórea, y me dirigía a Nueva York simplemente de paseo, sin ningún plan preestablecido.

- Eso es increíble, cirujano cardíaco, una profesión y una vocación envidiables.
Sus ojos parecían iluminarse de sinceridad y admiración al decir esto.

- Bueno, creo que es una profesión como cualquier otra, es probable que para ser bombero debas tener también la vocación adecuada, y es un trabajo tan loable como el mío. Dije quitándole importancia al tema.

- Si pero no es como cualquier profesión, yo soy modelo y de mis conocimientos y habilidades no depende la vida de ninguna persona. Insistió.
- Estoy seguro de que la carrera de más de un diseñador de ropa estará asociada con el “buen hacer y estar” de sus modelos.
Nos reímos y seguimos hablando durante horas, mientras la mayoría del resto del pasaje dormía gracias a un vuelo plácido, sin sacudones ni movimientos bruscos.

Ella volvía cada tanto al tema de mi trabajo y yo trataba de desviar el tema.

- Es que eres como Dios salvando esas vidas, es algo muy fuerte. Dijo en un momento

- Sería Dios si además de prolongar la vida de las personas pudiera decidir también terminarla. Respondí.

Finalmente nuestro viaje estaba a punto de terminar, le dí los datos de mi hotel, en donde podría contactarme si es que le gustaría que nos viésemos otra vez en estos días. No indagué sobre dónde se alojaría o cómo podría encontrarla para no parecer que intentaba tener una aventura, lo que ella pareció agradecer y estimar.
Una vez que aterrizamos y luego de pasar el enésimo control de inmigraciones, nos despedimos con un beso en la mejilla y la promesa de reencontrarnos. Eran las 9.30 de una fresca mañana de primavera.

La opciones para ir del JFK a Manhattan son varias, pero preferí gastarme 50 o 60 dólares y tomar uno de los taxis amarillos, tan característicos de NYC.
Para mi asombro, el chofer no era ni pakistaní ni latino, le pedí que fuera por la 678 hasta Queen Boulevard, cruzara  por el Queensboro Bridge y una vez en la 60 Este girara a la izquierda por Lexington hasta el numero 525, el Marriott East Side Hotel.

En el trayecto iba recordando pasajes de mi conversación con Sofía, mi acompañante en el vuelo. Reflexionaba sobre mi vida, lo distinta que era mi visión sobre la profesión que ejercía desde hacía casi diez años y el tedio que me invadía últimamente.
Hacía mucho tiempo que no me emocionaba “salvar” a un paciente, ni me afectaba un ápice no poder hacerlo, después de todo, yo no decido nada. No tengo el poder absoluto de decidir quién vivirá y quién no. Es verdad que en ocasiones hacía hasta lo imposible para no “perder” a un paciente, generalmente como fruto de una apuesta con un colega o conmigo mismo.
Casualmente o no, la mayoría de las veces en que me empeñaba en salvar a alguien, lo conseguía.

Mi trabajo se ha convertido en una rutina, me ha dado fama en mi profesión y dinero suficiente para satisfacer cualquier capricho. No obstante, otros aspectos de mi vida han quedado definitivamente relegados. Una relación de pareja estable, una familia, hijos, diversiones…. Lo típico.

¿Pero, y si de verdad tengo algún poder de decisión sobre la vida de los demás…?

Entré en el lobby del hotel con sus arañas redondas y sus suelos en tonos crema y salmón que contrastaban con lo obscuro del revestimiento de madera de las paredes y del mostrador de recepción. Me registré y ya en mi habitación me dispuse a ducharme y descansar un par de horas antes de permitir que la ciudad me devorase.

“Eres como Dios”, las palabras de Sofía rebotaban en mi mente, y sorprendentemente me producían un cierto placer, con ese pensamiento placentero cedí a mi cansancio.
Dormí unas tres horas. Al despertarme seguía dándole vueltas al tema de la vida y la muerte, del poder que implicaba poder decidir a quién correspondía cada cosa.
Antes de bajar a comer algo, decidí tomar un vodka del minibar, como para despejarme.

A pesar de haber recibido una educación católica, no era creyente. Como médico, había visto demasiadas atrocidades como para aceptar que formaban parte del “plan de Dios”.
No, no creo en la existencia de un ser superior. La vida y la muerte son parte del ciclo de la naturaleza, no hay nada divino en ello. Todo es física y química, todo es explicable de alguna forma.
Mis conocimientos, mis habilidades, mi trabajo, me hacen una persona valiosa para los demás, mis acciones son más concretas y visibles que las de un supuesto Dios que guía nuestros pasos.

Cuando yo decido a quién operar, que técnica emplear, con que equipo (ayudantes, anestesistas, perfusionistas, enfermeras) manejo un poder abrumador.
Cuando realizo una revascularización transmiocárdica con láser, un bypass coronario, una endarterectomía carotídea, un transplante. Cuando reemplazo una válvula por estenosis o regurgitación, o reparo un aneurisma tengo el poder en mis manos.
El poder de prolongar la vida.
Desde el punto de vista de algunos pacientes, yo soy Dios.
Desde el punto de vista de Sofía, incluso sin conocerme, yo soy como Dios.

¿Y si además de prolongar la vida de las personas, decido arrebatársela?
¿Podría hacerlo? ¿Podría ser Dios y decidir la muerte de una persona?

Mientras esperaba mi comida en un sillón del 525LEX Restaurant & Lounge decidí que lo intentaría.


Víctor M. Litke, Madrid 2012


3 comentarios:

  1. FELICITACIONES!!! NEW YORK II TIENE QUE CONTINUAR. SALUDOS GRACIELA

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  2. muy buenos los tres n york!! espero el cuatro! felicitaciones
    graacri.

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