No
era un fantasma quien surgió entre la niebla, apenas pude verlo.
Fue
sólo un instante, pero no puedo borrarlo de mi mente.
Recuerdo
sus ojos oscuros, iluminados por las luces de mi coche, mirándome fijamente
mientras desaparecía al costado de la carretera.
No
sentí miedo, pero aunque frené hasta detenerme por completo, fui incapaz de
bajarme y seguirlo.
La
vieja Nacional 1 en Quintanapalla estaba desierta esa fría madrugada.
Repasé
mentalmente mi visión, mientras retomaba el ritmo habitual de la respiración y
mis latidos volvían a la normalidad.
Parecía
más un ser humano que un animal, iba erguido, el cuerpo y rostro cubiertos de
pelos cobrizos. No era alto y sus brazos eran largos. Su aspecto no era de esta
era, sin embargo me era familiar.
Al
cruzarse delante del coche, se detuvo unos segundos, me miró e hizo un ademán
con un brazo. Tal vez un saludo.
Recuperado,
continué la marcha hacia Atapuerca.
Víctor M. Litke, Madrid
2010
Getafe
negro
Festival
de novela policíaca de Madrid
III
edición, octubre de 2010
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