Las
manos de uno de los hombres se posaban en la garganta de K apretando
controladamente su hueso hioides, provocando la retropulsión de la base de la
lengua, cerrando el paso del aire hasta
casi hacerle perder el conocimiento. Entonces aflojaba la presión para
permitirle recuperarse.
Sin
dejar de apuntarle con su Luger P08, el otro agente esperó a que K recobrara la
lucidez para hablarle.
Le
ordenó que le entregara el microfilm con la lista.
Entonces
llegó su oportunidad, la noche se iluminó con un relámpago enceguecedor,
aprovechando esa distracción, logró zafarse de su captor y se arrojó a las
turbulentas aguas del Moldava, dejándose arrastrar por la corriente río abajo.
La
Stasi lo había seguido hasta Praga y lo había acorralado en el Puente
Carlos, pero su secreto estaba a salvo,
escondido en una de las cinco estrellas del halo de la estatua de San Juan
Nepomuceno, quien según la leyenda, fue ejecutado en ese mismo sitio por no
revelar una confesión.
Víctor
M. Litke, Madrid 2012
Getafe
Negro
Festival
de novela policíaca de Madrid y Escuela de Escritores
IV
edición, octubre de 2012
Concurso
de microrelatos. Máximo 150 palabras sin contar la frase de inicio obligatoria:
“Las
manos de uno de los hombres se posaban en la garganta de K”
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