Las
manos de uno de los hombres se posaban en la garganta de K buscando el latido
que nunca encontraría. El escenario era un tumulto de gente desesperada que
corría de un lado a otro sin llegar a ninguna parte, gritando, llorando, orando
y maldiciendo.
Las
gemelas del coro miraban en silencio detrás de sus micrófonos, inmóviles, su
piel morena empalidecida, sus manos contenían el gemido de sus bocas
mientras el resto de la banda seguía
tocando.
El
solo de batería marcaba el final de la canción y todo el mundo aplaudía y pedía
otra.
Músicos,
coro y asistentes retomaban la compostura para el bis. La gente saltaba y
bailaba al compás de la música, el concierto era un éxito, retransmitido en
pantallas gigantes distribuidas por toda la playa en una noche de verano recién
estrenada.
Humo
y fuegos artificiales disimulaban al voluntario que retiraba el cuerpo de K
discretamente.
Ya
nadie se ocupó de ella, cierta fama es efímera.
Víctor
M. Litke, Madrid 2012
Getafe
Negro
Festival
de novela policíaca de Madrid y Escuela de Escritores
IV
edición, octubre de 2012
Concurso
de microrelatos. Máximo 150 palabras sin contar la frase de inicio obligatoria:
“Las
manos de uno de los hombres se posaban en la garganta de K”