Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad.


Entre la última cucharada de arroz con leche -poca canela, una lástima- y los besos antes de subir a acostarse, llamó la campanilla en la pieza del teléfono e Isabel se quedó remoloneando hasta que Inés vino de atender y dijo algo al oído de su madre.

Bestiario

Julio Cortázar
26 de agosto de 2014, centenario de su nacimiento.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Buenos Aires, allá por 1975 (El "Rulo")


Sentados en el último asiento del Bondi, el Rulo no dejaba de meterme fichas, me daba manija para que le entrara a la tana de una vez por todas. Según él, la mina estaba muerta conmigo y si me dormía, algún otro gil se la levantaría y me dejaría pagando. 
La verdad es que me tenía un poco lleno, pero en el fondo decía la posta, tenía que apurarla y no me animaba. Nunca me había pasado, pero la tana imponía, estaba refuerte y no era ninguna boluda.
Yo tenía mi facha, alto, flaco, pelito largo, ojitos claros, medio fifi, una onda a los jugadores de la selección de Holanda, esos por los que estaban locas todas las chichis (aunque la mayoría de esos chabones iban para atrás).
Pero no tenía un mango, y eso me bajoneaba un poco.
El Rulo (le decíamos así porque tenía la bocha con menos pelos que una rodilla) era un bagayero y le tenía ganas a la Susi, que era medio escracho y la mejor amiga de la tana, por eso quería que yo la avance, el muy turro tenía menos bolas que yo y encima me gastaba.
El 93 ya estaba llegando a Mitre , íbamos a Munro a comprarnos unos Levi’s de hilo sin bolsillos, pata de elefante, con un solo grilo atrás donde no te entran ni dos chirolas juntas.
El sábado vamos a ir en patota a un boliche de Olivos medio cheto y tenemos que empilcharnos bien fetén, para que no nos reboten los patovas de la entrada.
Todavía no sabía si la tana iría, ella quería ir al Luna a la despedida de Sui Generis. Obvio que a mi me hubiera copado una bocha ir también, pero no había de donde rascarla.
Y de repente todo se fue al carajo: en Mitre y San Martín había un operativo, pararon el bondi y la yuta nos hizo bajar a todos, nos pusieron en fila en la vereda y nos pidieron documentos. Según la pinta de la gente la iban revisando y cacheando, y nosotros habíamos comprado todos los números de la rifa, manzana íbamos a zafar.
El nabo del Rulo tenía un par de canutos en el bolsillo de la campera y no se avivó de tirarlos antes que el cana lo revise, así que quedamos los dos pegados.
La tana tendrá que aguantarme unos días, mientras esté engayolado pensaré un chamuyo para ganármela.


Víctor M. Litke, Madrid 2012

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