No
era un fantasma quien surgió entre la niebla, pero no me dí cuenta hasta que
fue muy tarde.
Fue
un encuentro tan inesperado, sorprendente, aterrador.
Torpemente
me eche hacia atrás sobresaltado.
Mi
respiración era agitada, la boca seca.
Dolor
agudo en el pecho, en los brazos, el cuello y la mandíbula.
Una
sensación de pesadez y extremo cansancio.
Sin
fuerzas para luchar contra nada. La vista se me nubló hasta sólo distinguir
algunos bultos sin forma definida.
Me
costaba respirar. Caí de rodillas con las dos manos sujetándome el centro del
pecho, como rezando.
Mi
cuerpo se tambaleó unos instantes hasta dejarse vencer totalmente.
Ahora,
con la cara contra la húmeda hierba, alcanzo a distinguir luces de linternas
que vienen hacia mi.
Las
risas dan paso a gritos, reproches y lamentos.
El
aire no llega a mis pulmones, los latidos se ralentizan, cesan…
Ya
no escucho nada ni distingo las luces. Ya no tengo dolores.
Malditas
novatadas….
Víctor
M. Litke, Madrid 2010
Getafe negro
Festival de novela policíaca de Madrid
III edición, octubre de 2010
Concurso de microrrelatos. Máximo 150
palabras sin contar la frase de inicio: “No era un fantasma quien surgió entre
la niebla”
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